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jueves, 11 de febrero de 2021

"Pain in the Haze"




Una de las razones por las que dificilmente participo en concursos literarios es porque, en sus convocatorias, requisitan que el material que se somete a concurso sea "inédito". Esto implica una imposibilidad para escritores como yo que, conforme van escribiendo, van publicando (incluso, en redes sociales).

Los primeros poemas de este libro, por ejemplo, fueron publicados en la revista La Luna, dirigida por mi amigo Miguel Ángel Alvarado. Y el poema "Ayotzinapa" se publicó en este blog, luego de ser rechazado por los dictaminadores de la revista La Colmena, que arguyeron falta de "efecto estético" y falta de "dominio de los recursos retóricos empleados" [sic.]

Luego, a principios de 2015, contraje nupcias y me mudé a la ciudad de Chilpancingo, Guerrero, atraído por el clima político y social instaurado en aquellos lares. De esa experiencia, nacieron los inéditos "Mea culpa", "Porrazo del tigre" y "Llover en Chilpo".

Luego, entre agosto y diciembre de ese mismo año, confeccioné cada uno de los textos que componen Lolitas' parade, el poemario más incómodo del libro. La idea inicial de ese compendio era escribir un poema largo sobre la presencia de las nínfulas en la literatura universal (hasta llegar a "Lolitas" más modernas) pero terminé (como siempre) abordando mi vida personal: mis desamores, mis filias y otras pérdidas:

Idaly y yo íbamos a tener una niña llamada Karine Sophie
pero abortamos.
Nuestra relación tóxica llegó a un final
y la promesa de esa vida no pudo constituirse (para ninguno de los dos).
Luego, escribí sobre ello,
y el testimonio de mi pérdida se convirtió en un best seller.

La ironía con la que asumo el tono de mi creación, en ese libro, me llevó a componer el resto de los poemas: de "Condenar la mirada" a "Niñitas arrechas" juego a shockear/incomodar/asquear al lector.

Para muchos de mis detractores, este poemario será la prueba definitiva de que soy un pedófilo (y con ello, una amenaza para la sociedad global). Pero eso no es una idea nueva. Está enunciada desde mi propia Moratoria. Sin embargo, tal como he referido en otro post de este blog, a pesar de que es un tema recurrente en lo que escribo, no me considero un apólogo de la pedofilia.

Y luego está Pain in the Haze, el poemario que da nombre a todo el libro: el resultado de una lucha interna (conmigo mismo) por poetizar no sólo la experiencia de pedófila sino la violencia sexual en contra de niñas y adolescentes pero desde la propia perspectiva de la víctima:

(mi tío)
me metía al baño
y me bajaba el calzón
para ponerme a orinar en los bordes de la taza
-chorros calientes que bajaban por mis piernas-
mientras él me tocaba
curioso
interesado
fascinado

después
me abría de piernas
y me chupaba, por dentro,
como si fuera una fruta
una naranja -quizá- pero sin semillas
su lengua ávida -rasposa-
como un perro de caza
lamiendo ánsioso el cadáver de su presa

Desde "Mil pederastas" hasta "A woman's pride", realizo el ejercicio de escribir como una mujer herida. El tipo de poesía que he disfrutado leer, en los últimos años, al acercarme a Pizarnik, a Sexton, a Juárez, a Luna Flores.

Para Freud, los cuentos y los mitos utilizan un mecanismo parecido al de los sueños: representan una forma camuflada de satisfacer el deseo y la omnipotencia inconscientes. Lo mismo sucede con la poesía. Pude escribir una segunda parte de Ensayo sobre pedofilia. Preferí escribir un libro de poemas.

Agradezco a Daniel Zetina por la paciencia y el trabajo minuscioso que realizó con esta edición. Y agradezco, también, su empatía y su amplitud de criterio. Este libro fue ofrecido a distintas editoriales a lo largo del 2020, y sólo Infinita lo aceptó publicar. ¡Enhorabuena!

Agradezco, también, a Itzel Rayas Cevico por la brutal (y hermosa) ilustración de portada. Los tonos verdes (tanto en el cover como en los interiores) tratan de dar la apariencia de una niebla espesa (haze). El resto son, como siempre, referencias a Lolita.


Un abrazo.

jueves, 2 de octubre de 2014

Dos conferencias de Psicoanálisis en la Fa.Ci.Co.



Tal como publiqué en mi FaceBook, hace unos días, inicié la lectura de Metagenealogía de Alejandro Jodorowsky. Luego de comprender que Jodo estudió algo de psicoanálisis en su juventud, y que conoció personalmente a Erich Fromm cuando estuvo residiendo en México, entendí mejor por qué su obra está permeada de categorías, conceptos, perspectivas y hallazgos provenientes de la ciencia analítica.

Además, la visión que Jodorowsky plantea de la terapia, y la correspondiente sanación que se espera de ella, me cautivó:

Para que sane, es necesario que el paciente sea lo que en verdad es y se libere de la identidad adquirida: lo que los otros han querido que sea. Toda enfermedad proviene de una orden que hemos recibido en la infancia obligándonos a realizar lo que no queremos y una prohibición que nos obliga a no ser lo que en realidad somos.

La "enfermedad" como causa de la neurosis infantil que no ha podido resolverse, al fin de cuentas.

Sin embargo, la propuesta jodorowskiana va más allá del inidviduo y el devenir-resolución de su "novela familiar", y comprende el análisis del árbol genealógico del paciente (a quién Jodo llama "consultante") a través de las historias y las vinculaciones de padres, abuelos, tíos abuelos y bisabuelos, tanto de la familia materna como de la paterna.

El día de hoy, las ideas de Jodorowsky volvieron a mi mente cuendo escuché al Dr. Luciano Lutereau disertar sobre el papel del psicoanálisis en nuestros días:

Antes de su muerte, Lacan afirmó que, probablemente, en un futuro, el psicoanalisis desaparecería. Por supuesto, se equivocó. Al contrario, la aplicación de las herramientas provenientes del psicoanálisis comenzaron a utilizarse en diversos campos de acción como la sociología, la psicología de masas o la política.

[...]

El problema actual es que, en las universidades, se estudia a Freud y a su discurso, no a su dispositivo analítico. Eso conlleva un problema de orden ético porque se utilizan las categorías provenientes del psicoanálisis de manera indiscriminada, incluso, con una visión contraria a la propuesta de Freud, como cuando se mezcla la teoría analítica y la diagnosis del DSM.

Solté una carcajada. Sonreí. ¡Cuántas veces había sido reprendido, siendo profesor de la Fa.Ci.Co., por desechar el famoso Manual Diagnóstico y Estadístico de los Transtornos Mentales y pedir a mis alumnos que escucharan con atención a sus futuros pacientes! Me sentí felíz. Por fin, tenía algo de justicia divina.

Luciano revisó con la mirada el auditorio. Notó que un porcentaje amplio de los ahí presentes discrepaba de su último comentario, así que explicó un poco más su negativa a utilizar el bademecum de los psiquiatras y los psicólogos sin teoría:

A mí me parece sumamente atrevido que en la nueva versión del DSM-V, se incluya la rebeldía como una categoría diagnóstica. Díganme ustedes, ¿qué niño o qué adolescente no es rebelde?

Se escuchó un rumor disperso en el auditorio. Algunos asistentes se acomodaron firmemente en sus asientos como esperando una nueva embestida:

Además, los psiquiatras están enfermos... ¡de verdad! Trabajo con un psiquiatra que siempre me canaliza a consulta los casos "más extremos", según su perspectiva... ya saben: niños autistas (que resultan no ser autistas), niños con "trastorno por déficit de atención" (que no tienen mayor cosa), niños que matan animales (¿qué niño no ha matado alguna vez un animal?), niños que serán futuros criminales, casi asesinos seriales... y yo los recibo con gusto, y tras unas cuantas sesiones, se nota que evolucionan favorablemente, y que, a diferencia de lo que opinaba mi compañero, no eran casos "tan graves"...

Sonrio. Mi sonrisa abarca toda mi cara. Nunca me he sentido tan felíz en el auditorio de la Fa.Ci.Co. Desde su perspectiva, Luciano se da cuenta de que existe cierta inconformidad en los rostros de los asistentes, y suelta:

Lo que quiero decir es que el psicoanalisis es, sobre todo, un posicionamiento ético. Y todo aquel psicoanalista (que se atreva a llamarse "psicoanalista") debe abocarse, primero, a escuchar atentamente a su paciente, a revisar su condición, su malestar..., antes de llegar a un diagnóstico prefabricado. Gracias.

De esa manera, termina. La siguiente en tomar el micrófono es la Dra. Liora Stavchansky quien diserta sobre la tarea del analista, su relación con el paciente, y su relación con el discurso del paciente:

El psicoanalista ya no está alli en sesión, en consulta. El psicoanalista está vivido en la experiencia, tanto del paciente como de sí mismo. Al apegarse a un discurso, y visualizarse, el sujeto vivido ya ha desaparecido.

[...]

Ningun psicoanalista se autoriza ni por un título, ni por una trayectoria, ni por una comunidad académica o analítica, sino por su trabajo con los pacientes.

[...]

Lo más importante en psicoterapia son los cortes que realiza el analista en el discurso del paciente (como si fueran los cortes hechos sobre una banda de Moebius). Pero, sobre todo, lo que hace el paciente entre una sesión y otra (si lloró, dejó su casa, pidió el divorcio, se intoxicó, etcétera), así halla pasado mucho tiempo (semanas, meses) entre ellas.

Me pongo serio. Recuerdo mi propio proceso analítico, y recuerdo: lo que hice entre cada una de las sesiones fue escribir, y eso es lo que he seguido haciendo.

Las conferencias terminan. Me dirijo a Luciano y estrecho su mano. Lo noto bastante delgado, aunque todavía con cabello negro abundante. Saludo, también, a Liora. Le pido dedicarme su libro. Acepta.



No me alcanza el dinero para comprar un libro de Luciano. Ahora, tras investigar un poco más sobre él, descubro que también ha escrito ficción, y que tiene dos novelas: Los santos varones (2011) y Perezosa y tonta (2012). Quiero leerlas.

Parafraseando el título del libro de Liora, los bordes de mi mundo vuelven a resignificarse. Nunca creí que se pudieran dar cambios tan positivos en la Fa.Ci.Co. Se nota la mano (y el cerebro) del Dr. Manuel Gutiérrez Romero. Ojalá halla más eventos académicos como estos.


Saludos.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Tres libros para comprender (el por qué de) la prevalencia de la violencia en contra de las mujeres

1) "Íbamos a ser reinas" (2002). Nuria Varela.

Leer a Nuria Varela es internarse en los recuentos desgarradores de mujeres violentadas por sus parejas, por sus familias, por las instituciones sociales (que, en teoría, deberían protegerlas) y por el sistema político de uno de los países más atrasados en implementar un la educación de género igualitaria: España.

Leer a Varela es darse cuenta de que los países latinoamericanos han avanzado, en ocasiones, mucho más que España, en relación a la implementación de políticas públicas, así como de marcos jurídicos, que protejan a la mujer que experimenta violencia, sobre todo, a nivel intra-familiar.

Leer a Varela también es cuestionarse sobre las consecuencias de la educación de género tradicional: aquellas niñas que fueron educadas por sus padres como "princesas" lentamente se dan cuenta que nunca serán "reinas".

Un libro para abrir los ojos, para indignarse, sufrir, pero también, para actuar en contra de la violencia de género, no solo a nivel social, sino también personal.


2) "La mujer sola" (2000). Alcira Mariam Alizade.

Leer a Alcira Mariam Alizade es internarse en una reflexión profunda sobre el "ser mujer" más allá de la contemporaneidad, incluso, de manera histórica. Es preguntarse por la ontología de la mujer desde una perspectiva psico-social. Es desvelar uno de sus más grandes terrores femeninos: el miedo a "vivir sola".

Muchas mujeres soportan, ignoran y niegan la violencia de género que padecen, sobre todo al interior de sus familias, por el temor a perder a sus padres, a sus parejas o a sus hijos. "Quedarse sola" es un terror real que cientos de miles de mujeres experimentan. Terror que las lleva a tomar decisiones poco asertivas.

Este terror, por supuesto, también es fruto de la educación de género tradicional: una mujer no puede considerarse "realizada socialmente" si no tiene pareja, hijos, familia. La maternidad no es una decisión libre y autónoma, por más que así lo parezca. Está firmemente vinculada con el terror a "quedarse sola".

Un libro para meditar lo que significa "ser mujer", autoevaluarse, y buscar atención profesional en caso de reconocer "el miedo a la soledad" que esta autora identifica en las mujeres.


3) "El rechazo de lo femenino" (2000). Jacqueline Schaeffer.

Además de ser un estudio minucioso sobre "la naturaleza femenina", elaborado a partir de la Teoría psicoanalítica, el libro de Jacqueline Schaeffer es un documento académico que desnuda, literalmente, el proceso bio-psico-social que atraviesa una niña en su tránsito hacia "ser mujer".

De esta manera, las interacciones y las vinculaciones con los otros, en especial, con su madre, su padre y sus hermanos, son puestas bajo la lupa, en un intento por comprender de qué manera la mujer desarrolla su "feminidad", y lo que ocurre en aquellos casos en que esta "feminidad" es rechazada o desmentida.

No exagero al escribir que este libro cambió mi vida. Me hizo comprender que existen cientos de miles de mujeres, que han recibido una educación de género tradicional, a quienes se les ha inculcado que el estoicismo, la abnegación, la subordinación y el sometimiento las vuelve "más femeninas".

Revelarse ante el patriarcado para muchas de estas mujeres significa revelarse contra su propia naturaleza "femenina", no solo a nivel socio-cultural, sino también, a nivel psíquico. Para ellas, significa, "dejar de ser mujeres" como tal. Arrojarse al vacío: sin los otros, sin ellas mismas.

De nueva cuenta, el miedo a "vivir sola", y a "estar sola", se instauran en la psique de dichas mujeres, y por ello, la violencia intrafamiliar o de pareja se toleran, se niegan o se minimizan. Primero muertas, pero "femeninas", a quedarse solas, sin identidad, y vacías.

Desde esta perspectiva, la tolerancia frente a la violencia se instaura como una marca en negativo de la "feminidad" inculcada. A mayor abnegación, mayor "feminidad". A mayor "feminidad", mayor placer narcicista.

Esto conlleva, con el tiempo, la construcción de un círculo de placer perverso en donde la mujer busca (inconscientemente) ser víctima de violencia para, desde una estructura sádico-masoquista, sentirse mejor con ella misma.

Un libro para especialistas en Psicología, pero que cualquier persona que quiera entender mínimamente lo que ocurre al interior de la psique femenina debería leer.


Saludos.

viernes, 2 de agosto de 2013

"El juego del gato y el alfil". Eduardo Osorio.



Me gustan los gatos. Los prefiero sobre los perros. A algunas personas no les gustan porque son orgullosos, voluntariosos, narcisistas, y buscan tener la atención y el cariño de sus dueños. Igual que el Maik, personaje de la novela El juego del gato y el alfil de Eduardo Osorio, ex-presidente del Centro Toluqueño de Escritores, y ganador del Premio Internacional de Narrativa "Ignacio Manuel Altamirano" 2011 convocado por la UAEMex.

Personalmente, me enteré de que Osorio había ganado dicho concurso gracias a la cobertura que la revista "Valor Universitario" hizo tanto de la convocatoria como de los resultados del premio. Estuve a la expectativa de su aparición. Hasta que el Maestro Juan Carlos Carmona Sandoval, editor de La Colmena, me comunicó que él iba a presentarla en la Feria del Libro de Guadalajara 2012. De inmediato, la busqué en las librerias de la UAEMex. Y finalmente, a inicios de este año, pude tenerla entre mis manos.

El juego del gato y el alfil es una novela que sufrí. La leí en pausas, desconcertado por la brevedad de sus capítulos, y angustiado por la violencia verbal y de género que representa. No me convenció el discurso del personaje principal, Alberto (matemático cuarentón y solterón) que trata, a toda costa, de refugiarse en la cópula sexual y los orgasmos prometidos por Helen, "la gringuita", para no enfrentar la decadencia moral y personal en la que vive.

Decadencia burguesa. Capitalismo. Subordinación de la mujer. Machismo. Frente al malestar, el placer sexual como panacea. Coitos con condón para evitar embarazos. Soledades sin sentido: Alberto y Helen. Prefieren fingir que tienen una relación a descubrirse exitosos socialmente pero fracasados en privado.

Frente al vacío, el genio de Alberto: imaginar que todo es un juego con reglas poco claras y no escritas, como una partida de ajedrez, como un partido de fútbol, como una visita casual al psicoanalista:

No existe juego sin reglas. Confiar uno en el otro se impone como broma o como reto. Y le denominamos lealtad. Por más que te esfuerces, sin embargo: la mayonesa, ¿dentro o fuera del refrigerador? La pasta de dientes que uno espachurra cuando al otro le obsede alisar el tubo. Ir a la lavandería hoy o mañana. Teatro o cine. Ninguno de los dos: tele. ¿De quién es el turno para lavar los trastes? Ya me tocó ayer. La hora de la intimidad que preparaste con cuidado y su negativa irreductible: necesito terminar de leer esto. Es mi turno para elegir película. No; acuérdate bien. Pero, ¿quién es árbitro, réferi o ampáyer cuando sólo dos conocen las reglas? Surge "el tuyo" y, a la defensiva, su contrario "el mio". El dulce enemigo. Dime, gato, quién puede mediar ante estas diferencias.

(Eduardo Osorio. El juego del gato y el alfil, p. 87)

No hay hijos, pero hay gato. Y el gato, Maik, es quien atestigua los vaivenes de una relación que es necesaria porque, sin ella, no habría juego. Y sin juego, habría vacío. El vacío, por supuesto, llama a la locura. Locura a la que Alberto, doctamente, le llama "esquizofrenia".

El final de la novela es contundente: 7 páginas en las que Osorio resume magistralmente la historia sentimental de Helen (desvirgada a los 13 años de edad, por cierto, siempre en busca de su figura paterna), un último sueño de Alberto (con fuertes reminiscencias a otros textos del universo de Osorio) y un desenlace crucial pero previsible (la serpiente que muerde su cola).

Helen y Alberto sólo son los personajes de su propia historia, una historia encarnada en sus propios pasados, en sus infancias, en los fantasmas que ambos han elaborado con el tiempo, temores y anhelos que brotan de sus respectivos inconscientes pero que, debido a una pésima comunicación, no enfrentan.

Personalmente, habiendo sido profesor de "Comunicación" en la Facultad de Ciencias de la Conducta (UAEMex), sé que los problemas de comunicación interpersonal no son problemas de "comunicación" per se, sino que se relacionan con los conflictos inter-subjetivos de los amantes quienes, confundidos por sus vinculaciones emocionales inconscientes, tratan de dar lo que no tienen (pero que ellos mismos necesitan) haciendo realidad la máxima lacaniana:

Amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es.

(Jaques Lacan. Seminario 8: La transferencia, 1960-1961)

El "tercero en discordia", tema que ha apasionado a Eduardo Osorio en sus aproximaciones literarias a las relaciones de pareja, solo es un pretexto para poner en claro lo evidente:

-No. Ya basta. Escoge: el gato o yo.

(Eduardo Osorio. El juego del gato y el alfil, p. 159)

¿Qué diría el Maik si pudiera desdoblarse imaginariamente, como Osorio, y simbolizara su realidad desde la narrativa?


Saludos.

sábado, 13 de julio de 2013

La locura que ves en los otros es tu propia locura reprimida



Un lindo meme que surgió a raíz de mi comentario sobre la próxima publicación del libro Los Beatles y Lacan de Henry W. Sullivan (quien, por cierto, no es psicoanalista), en la que, según esta nota, se tacha de "perverso" a John Lennon y de "neurótico" a Paul Mc Cartney.

Fastidiado de leer trabajos que pretenden "psicoanalizar" a los creadores a través del análisis de sus obras (como el fatídico “Lewis Carroll en el país de las maravillas” de John Skinner, publicado en Psicoanálisis y literatura de Hendrik M. Ruitenbeek), decidí crear este lindo meme para poner en alerta a mis lectores sobre el riesgo de no hacer consciente de qué manera se dan los procesos de transferencia y contratansferencia, no solo en el espacio analítico, sino en toda relación humana.

La imagen de Adolf Hitler, tomado de la mano con varios niños, en el ocaso de la Alemania Nazi, representa de manera visual mi frase: Hitler, a quien popularmente se le tilda de "loco", fue un gran político y estratega militar que se instauró en el goce del poder, y en medio de la psicosis colectiva que él y su equipo propagandístico crearon, se sintió completamente omnipotente, abrió múltiples frentes de batalla, y con ello, perdió la Segunda Guerra Mundial.

Puede consultarse este artículo si se quieren conocer más detalles respecto a la fotografía.


Saludos.

martes, 11 de septiembre de 2012

Aportaciones teóricas de Jacques Lacan (1901-1981)


Jacques Lacan @ Faculté des Lettres de'l Université de Paris (1934)

Jacques Lacan (1901-1981) fue un psiquiatra y psicoanalista francés, discípulo de Sigmund Freud, que revolucionó la Teoría psicoanalítica al proponer que, a diferencia de lo que Freud había planteado, el inconsciente se estructura, al igual que el lenguaje, mediante diversas cadenas de significantes:



Para Lacan, no sólo las palabras sino también los objetos, las relaciones sociales e, incluso, las enfermedades (síntomas) pueden ser vistos como significantes.

"Un significante es tal cosa cuando ha sido inscripto en el orden de lo simbólico. Sólo en este orden el significante puede adquirir un sentido, un significado que se va estableciendo a través de la relación con otros significantes y del contraste de sus diferencias y similitudes."

De esta manera, para Lacan, el inconsciente es una estructura donde, independientemente de la cantidad de capas con que se lo represente, aparece un conjunto vacío. Éste representa el objeto a, es decir, el objeto (causa) de deseo inalcanzable:



Esa pequeña a (esa "nada" que siempre falta donde se le espera) resulta imposible de simbolizar. El deseo, para Lacan, no se relaciona con un objeto concreto sino con la falta de dicho objeto. Sin embargo, dicha falta se oculta a la consciencia, porque su objeto es una "falta en ser".

Lacan resumiría esta proposición en un aforismo resplandeciente:

"El amor es dar lo que uno no tiene a alguien que no lo quiere".

Más tarde, agregaría:

"No hay relación sexual porque el goce del Otro tomado como cuerpo es siempre inadecuado, perverso de un lado -en tanto el Otro se reduce al objeto a - y yo diría loco, enigmático, del otro. ¿No es por el enfrentamiento de esta impasse, de esta imposibilidad por donde se define un real, como el amor se pone a prueba?."

El orden de "lo simbólico", por supuesto, es una proposición teórica más de Lacan que constituye, junto con "lo real" y "lo imaginario", los tres registros de lo psíquico:

Schéma RSI

"Lo real" (R) es todo aquello que no es imaginario ni que se puede simbolizar. El dolor, por ejemplo, es real. No debe confundirse con el concepto de "realidad", ya que la "realidad" pertenece al orden del lenguaje, simbólicamente estructurado.

"Lo simbólico" (S) es el registro psíquico propio de lo humano, ya que se funda, desde la primera infancia, gracias al lenguaje y a la instancia del Otro, de La Ley, del Nombre del Padre, de aquella persona que cumple la Función Paterna.

"Lo imaginario" (I) es la dimensión no-lingüística de la psique: es el cúmulo de representaciones visuales que, a partir del estadío del espejo, el ser humano genera mentalmente no solo sobre sí mismo sino sobre lo que le rodea.

El concepto "imagen" no solo describe a la imagen visual, sino a todo registro mental no linguístico que provenga de un estímulo kinestésico, gustativo, olfativo u auditivo. Siguiendo esta idea, la sugestión y la hipnosis operarían sobre "lo imaginario", y los efectos de tales experiencias, actuarían directamente sobre el inconsciente.

A través de este tipo de imágenes, es como el Sujeto se logra instaurar en el orden simbólico (orden del lenguaje y orden de la cultura) lo que le permite, desde la primera infancia, adquirir la capacidad de hablar, es decir, de materializar su deseo mediante el discurso: un pensar basado en símbolos.

Esta conexión entre lenguaje (discurso) y deseo (falta) es lo que permite abordar el análisis de textos (visuales, escritos, auditivos) desde la perspectiva psicoanalítica, y con ello, utilizar el psicoanálisis como un método estructurado.

La violencia de la interpretación aparecerá, siguiendo a Piera Aulagnier, en el momento en que el deseo del analista se imponga sobre el Otro. De allí, la necesidad de establecer a priori un modelo de interpretación.


Saludos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Jacques Lacan: reinventar el psicoanálisis







Un filme escrito por Elisabeth Kapnist y Elisabeth Roudinesco, dirigido por Elisabeth Kapnist, y transmitido en el año 2001 por el canal de televisión arte.


Saludos.

viernes, 6 de mayo de 2011

@ Boletín "Trabajo y Compromiso" Año 0 No. 6



Mi quinta editorial publicada en el Boletín de la Facultad de Ciencias de la Conducta, en ocasión del "Día de las Madres", respecto a la maternidad como un ejercicio narcicista, los apegos parentales y el desarrollo emocional de los hijos.


Saludos.


lunes, 14 de febrero de 2011

@ Boletin "Trabajo y Compromiso" Año 0 No. 4


Mi tercera editorial publicada en el Boletín de la Facultad de Ciencias de la Conducta, en esta ocasión, presentando un pequeño cuento de Alejandro Jodorowsky sobre las "disparejas", su relación de sadismo-masoquismo y la violencia que generan.


Saludos.

viernes, 18 de junio de 2010

"La mirada es la erección del ojo". Jaques Lacan.


http://en.wikipedia.org/wiki/File:Origin-of-the-World.jpg

Texto tomado de la revista electrónica Hedónica:

Desde su creación esta obra fue constantemente censurada, es un cuadro que representa de manera realista el sexo femenino. Pintado en medio de un misterio casi místico, se le ha llamado la Gioconda venérea.

Su último propietario, después de un siglo de existencia clandestina, fue el psicoanalista Jacques Lacan, quien la utilizó como motor para dilucidar las diferencias entre el objeto de la pulsión, del fantasma y del deseo, así como tema de sus conversaciones con Heidegger sobre lo real, la verdad y lo auténtico, para llegar finalmente a una conclusión: la mirada es la erección del ojo.



Saludos.