
Interesentísima y oportuna reflexión publicada en la página Reivindicación Universitaria:
Hace exactamente un año tomó posesión Patricia Zarza en medio de una de las mayores crisis políticas que ha vivido la UAEMéx. Desde el primer día, muchos universitarios sostuvimos que aquel proceso dejó una profunda herida en la autonomía universitaria y, desde nuestra perspectiva, el Gobierno del Estado de México, a través de su asesor José Cosmares, terminó definiendo quién ocuparía la Rectoría.
El primer año también ha permitido conocer el verdadero estilo político de este rectorado. La reforma universitaria aprobada por el Consejo Universitario, desconocida por la comunidad y aprobada fast track en el Consejo Universitario el último día de actividades, retrata una forma de entender la democracia donde el debate estorba y las decisiones llegan prácticamente tomadas.
A ello se suman los errores en la publicación de los resultados del PRODEP y, más recientemente, el caos en Control Escolar, donde miles de estudiantes iniciaron el proceso de inscripción sin grupos asignados y, en algunos planteles de nivel medio superior, los horarios fueron entregados prácticamente al último momento.
Y como si eso no fuera suficiente, el compromiso público de aplicar el 12 % de gratuidad terminó siendo una promesa incumplida.
No son hechos aislados. Son la expresión de un rectorado que parece vivir en su propia burbuja, cada vez más distante de la comunidad universitaria, donde la improvisación sustituye a la planeación, la democracia se reduce a la aprobación por unanimidad y los compromisos públicos dejan de ser una obligación para convertirse en simples discursos de ocasión.
Después de un año, la principal transformación que deja este rectorado no es la de la Universidad, sino la de la propia Rectoría. Pasó de prometer una nueva forma de hacer política universitaria a reproducir las prácticas que decía combatir; de hablar de diálogo a gobernar desde la imposición; y de asumir compromisos públicos a convertirlos en promesas desechables. Esa parece ser, hasta ahora, la verdadera transformación de Patricia Zarza.
José Cosmares, de pasado priista y con vínculos políticos con el panista Enrique Vargas, ha sido señalado por presunto tráfico de influencias. Eso explicaría muy bien por qué, detrás de la elección de Zarza, las esferas prianistas al interior de la UAEMex —representadas por lo que denominaremos «el cártel de las incorporadas»— cerraron filas en torno a ella.
Mientras las voces críticas al interior de la UAEMex son convencidas, compradas o reprimidas, la putrefacción al interior de nuestra máxima casa de estudios mexiquense aflora. No cabe duda que, un año después, la universidad está peor.
Saludos.
