Doce años después del Fraude Electoral de 2006, Andrés Manuel López Obrador está a un paso de convertirse en el próximo Presidente de México. A todos aquellos que apoyamos su candidatura a lo largo de tres procesos electorales, esto nos llena de gozo. Por fin, triunfará la justicia. Por fin, tendremos un gobierno diferente.
Nunca olvidaré cuando, en 2011, el Mtro. Juan Carlos Fabela Arriaga, Subdirector académico de la FaciCo, me llamó la atención por proyectar a mis alumnos el documental Fraude: México 2006, en una actitud completamente prianista que, por supuesto, no tiene nada que ver con la supuesta "autonomía" de la que se jacta la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex).
Después de que López Obrador asuma la Presidencia, la tarea que queda pendiente es desarticular las redes de corrupción e impunidad prianista que tanto daño le han hecho al país.
No olvidemos la rampante corrupción de la administración de Eruviel Ávila Villegas que dejó en quiebra al Estado de México, sobre todo en el sector salud. Por eso, ahora el ISSEMYM, el ISEM y los hospitales generales no cuentan ni con insumos, ni con materiales, ni con medicamentos, al grado que los trabajadores de dichos hospitales han tenido que laborar bajo protesta.
En algo tienen razón los prianistas: López Obrador no será la varita mágica que cambie todo, de un solo golpe, en el país. Nosotros como ciudadanos organizados debemos hacer frente a las administraciones corruptas que nos gobiernan a nivel municipal, estatal y federal.
Ricardo Anaya Cortés a.k.a. cAnaya, Canallín, Ricky Riquín Canallín, se ha convertido en uno de los políticos más nefastos que ha dado el sistema político mexicano. "Nefasto", según la RAE, quiere decir "triste, funesto, ominoso", "dicho de una persona: desgraciada o detestable". Así es Ricardo Anaya. Sobre todo, cuando miente.
Pensar distinto no es sinónimo de mentir. Cuando Enrique Peña Nieto inició su campaña presidencial en 2012, se le podía tachar de todo: de mal gobernante, de gastar mucho dinero en publicidad, de no atender las verdaderas necesidades de la gente, pero no de mentir. Por algo, se jactaba de haber firmado sus compromisos bajo Notario Público. (Ya luego supimos que no todos los cumplió, pero esa es otra historia.)
Seis años después, Ricardo Anaya (a pesar de abanderar una campaña basada en el asistencialismo y la inclusión social) no tiene la mínima atención en cuidar sus dichos y sus hechos. Miente descaradamente. No acepta ni rectifica cada una de sus mentiras. Vuelve a mentir, quizá siguiendo el mantra de que "una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad". No pide perdón a sus posibles votantes. Y el resto de los ciudadanos, miramos con pasmo (y terror) la manera tan burda en que un político puede mentir sin sentir el mínimo remordimiento. Sin sentir culpa.
Para la Psicología, la ausencia total de remordimiento o culpa es un síntoma de la personalidad psicópata, en la cual, aparecen otros síntomas que describen muy bien al político mexicano: narcicismo, arrogancia, manipulación, y falta de objetivos realistas. Descripciones similares se han hecho de políticos como Baby Bush o Donald Trump, y ustedes han sido testigos de qué tan bien o qué tan mal han gobernado.
Desde mi punto de vista, que un político mienta tanto en el transcurso de su campaña configura una alerta seria sobre la forma en que se conducirá en caso de llegar al poder. En este caso, al llegar a ser Presidente.
Un político que miente de manera tan descarada puede ser un peligro, incluso, para la Paz Mundial. Sólo hay que recordar a Baby Bush mintiendo sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001, y utilizándolos como pretexto para atacar militarmente a Iraq (cuando, ahora sabemos, quienes los planearon y financiaron fueron los gobiernos de Arabia Saudí e Israel a través de la Mossad).
Peña Nieto se hundió, en 2015, al mentir sobre el incremento en los precios del combustible. Lo cual, hasta el día de hoy, es una de sus mentiras que sigue sin reconocer de manera pública. Eso es lo que más enfurece al grueso de la población: que le mientan y que, a pesar de dejar la mentira al descubierto, los políticos no ofrezcan alguna disculpa.
Pero también, hay otro sector minoritario que disfruta ver a los políticos mentir: raza perversa que cae en goce precisamente porque ellos mismos mienten amplia y regularmente en sus propias vidas; enfermos mentales que se identifican con el mentiroso, y por eso, hasta lo admiran. Los mismos mitómanos que negaban que México estuviera en la pobreza cuando, ahora, ofrecen un ingreso universal para todos los ciudadanos.
Las mentiras de Anaya son tan grandes que incluso opinadores de la Derecha neoliberal, como David Páramo, lo han criticado: "[Ricardo Anaya] es un vendedor de tiempos compartidos o de productos milagro. Es gravísimo lo que está ofreciendo. Es la responsablidad económica hecha funcionario."
Por todo ello, todos los ciudadanos debemos de estar alerta sobre cada una de las propuestas de este mequetrefe, y confrotarlas con información confiable, proveniente de verdaderos especialistas. Porque, a diferencia de lo que Anaya presume, sus propuestas ni son originales ni son nuevas. Tal como queda evidente al ver el siguiente video:
Lo curioso es que, después de escuchar y leer los argumentos a favor y en contra de su principal propuesta de campaña, haya muy pocas personas que se dan cuenta de que la Renta Básica Universal es una mentira más de un hombre que está habituado a mentir, por lo que, menos aún, debería tomarse en serio.
Independientemente del resultado final de la elección, Ricardo Anaya ha demostrado que es una persona en la que no se puede confiar, por lo que es poco probable que cumpla cada una de sus promesas. Por salud mental, todos sus posibles votantes deberían tener presente eso, para que no se lleven una desilusión más.
El Sexto Informe de Gobierno que Fox ya no pudo dar :P
Terminé de leer el artículo de Jaime Avilés sobre el odio social derivado del clima político actual en México, publicado el día de hoy en La Jornada. Creo que la preocupación que expresa parte de una realidad tangible que nos atañe a todos.
En mi caso, puedo dar testimonio sobre la intolerancia social que existe actualmente en México al momento de abordar el tema del fraude electoral perpetrado por el gobierno foxista en contra de AMLO.
Yo regresé de Japón a mediados de agosto de 2006, despues de estudiar idioma japonés en Osaka por dos meses. "El Sendero del peje" siempre fue la principal fuente de información que me mantuvo al tanto de lo que ocurría en México. Sin embargo, cuando regresé y comencé a reunirme de nuevo con mis amigos, me llevé una terrible sorpresa: todos tenían una visión distorsionada de lo que había ocurrido en las elecciones del 2 de julio.
Yo creía fielmente que AMLO había ganado las elecciones; ellos pensaban que no. Yo me indignaba por la intervención ilegal del gobierno de Fox en el proceso, mientras que ellos, no veían irregularidad alguna. Yo los invitaba a sumarse a la lucha democrática y pacífica, y echar adelante la revolución. Ellos creían que estaba loco.
Las discusiones no llevaron a los golpes por dos razones: porque creíamos que después de tantos años de conocernos y apoyarnos, era la primera vez que teníamos posiciones políticas tan distintas; y porque consideramos que el amor que nos tenemos es suficiente para superar los enconos.
¿Que pasó en México durante dos meses para que la gente cambiara tanto?
La respuesta sin duda se encuentra en la campaña de odio que impulsaron tanto el PAN como el gobierno federal, los organismos empresariales y las televisoras comerciales:
* Yo ya no estaba en México cuando comenzaron a salir al aire los espots con el slogan "Armate de valor y vota" que alertaban a los televidentes sobre el peligro de que ocurrieran una serie de movimientos armados si ganaba López Obrador.
* Tampoco estuve cuando el Consejo Coordinador Empresarial asustaba a la gente con la posibilidad de que aconteciera una crisis económica en el país y pudieran perderlo todo.
* Tampoco asistí al silencio de las televisoras, al silencio de los intelectuales de pacotilla y al silencio del IFE sobre los contenidos de los anuncios comerciales que fomentaban el miedo y la polarización social.
En vísperas de las elecciones, un amigo me decía, "aunque no voy a votar por el PAN, López Obrador no me convence del todo... creo que le daré mi voto a Patricia Mercado". Su falta de convencimiento venía de los contenidos que arrojaban sus fuentes de información que eran, por supuesto, la televisión comercial.
De esta manera, entre los ataques ilegales e inmisericordes que PAN, gobierno federal y los grandes empresarios hacían en contra de AMLO; y el silencio y la manipulación que caracterizaron y siguen caracterizando a los medios masivos de comunicación, se implantó la campaña de miedo.
Hasta el día de hoy, incluso entre los círculos perredistas, el temor a un levantamiento armado está presente. La gente de la izquiera acomodada confiesa entre pláticas de café que a pesar de apoyar a AMLO en su movimiento, están preparados para salir del país al primer brote de violencia. "No queremos que pasé lo que en Oaxaca", se avergüenzan.
¿Qué sigue estando detrás de estas expresiones?
La única respuesta es el miedo. Es el miedo lo que hace creer a la gente de clase media que AMLO llevará a sus seguidores a una revolución armada en la que morirán cientos de personas. Es el miedo lo que irrita a los sujetos pertenecientes a la clase media acomodada cada vez que aparecen algunas expresiones de apoyo a AMLO. Es el miedo lo que hace que la gente acomodada brinque de terror al ver a un hombre portando con un moñito tricolor en sus establecimientos. Si no me creen, hagan la prueba: pónganse su moñito y vayan de compras a Wal-Mart, a Sams club, a Costco, entren a un Banamex, visiten algún tipo de oficinas empresariales. Verán la cara que ponen al verlos.
Yo era uno de los muchos mexicanos que esperaban enfrentamientos con la policía el día del último informe en el cerco de San Lázaro. Sin embargo, la raza se comportó. Incluso los "panchos villas" que llegaron hasta el cerco para aventar piedras y otros objetos a los escudos policiacos y hacer pintas, tomaron calma en el momento en que comenzaron los oradores del mitin, y hasta realizaron un valla de seguridad en torno a la barricada. A su lado, había muchas mujeres, estudiantes, adultos mayores y niños. No hubo violencia. Esa es una señal muy buena para todos los que confiamos en el movimiento de AMLO.
Decir no al miedo implantado por las televisoras es decir sí al entendimiento con nuestros semejantes.
Dejar a un lado el miedo a la derrota política es lo que nos hará verdaderamente libres. No vamos a perder, por eso no debemos inmutarnos frente a lo que digan las personas que no están informadas. Por el contrario, debemos seguir informándoles hasta donde sea posible sobre lo que pasa de verdad en México. Debemos pasar de la era de la información a la era de la comunicación.
El movimiento que encabeza AMLO nos brinda la oportunidad de hacerlo.