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viernes, 10 de enero de 2020

"Eternos juegos de amor"



Mi primer libro de cuentos. Nueve textos que abordan historias de amor, desamor, enamoramiento y erotismo: desde la iniciación sexual, pasando por la seducción, el incesto, hasta las primeras relaciones de pareja que entablan los protagonistas. Mi libro más ambicioso hasta la fecha. Un libro que trabajé, texto por texto, desde el año 2015. Y que, gracias a mi editor Arturo Texcahua, pudo consolidarse a fin de año.



Varias de las historias que conforman este libro fueron creadas (concebidas) en los días en que participé en el Taller de narrativa del Centro Toluqueño de Escritores, coordinado por Eduardo Osorio, y uno en especial, "Eva", fue publicado, gracias a la profesora América Luna Martínez, en el año 2002. Por eso, también, son textos surgidos de entre las aulas de la Facultad de Humanidades de la UAEMex.

Desde esos días (mis días como estudiante), comprendí que mi labor como escritor era no solamente transformar y actualizar los mitos heredados por la Historia Universal sino dejar constancia de mi propia existencia. Por eso, y desde ese tiempo, mi creación literaria se volvió más personal, más intimista.

Algunos colegas acusan que mi literatura es narcisista. Lo es. Pero, también, invita a que otras personas se descubran al recorrer mis laberintos:



"Eternos juegos de amor" puede adquirirse en MercadoLibre.com, Librerías El Sótano y próximamente en Gandhi.com.mx

Edit. 30 de enero: Comparto la video reseña que nuestros amigos de #ElDragónLiterario prepararon para todos ustedes:



Edit. 17 de febrero: Comparto las palabras de mi amiga Laura García Nava en la presentación realizada el sábado 15 de febrero en la Biblioteca del Parque Bicentenario en Metepec:



Edit. 10 de abril: Comparto la lectura del texto "La sonrisa del colibrí" como parte del ejercicio #LecturasEnCuarentena convocado por Trajín:

 

 

 Saludos.

viernes, 6 de diciembre de 2019

Homenaje a Luis Antonio García Reyes



Al Maestro García Reyes lo conocí en alguna reunión de TunAstral cuando todavía existía el foro-casa de Porfirio Díaz 216, entre Villa y Zapata, en la colonia Universidad, Toluca, Estado de México. Era la presentación de Blanca Aurora Mondragón y su Cotidiana (2000). En esa presentación, no recuerdo bien si antes o después del evento, el Maestro Roberto Fernández Iglesias me presentó al Maestro García Reyes: “Este niño estudia Letras”, dijo, con su inolvidable tono de voz. “Y Luis Antonio es poeta”, declaró. Ambos nos estrechamos la mano, pero hasta allí.

En aquella época estaba embelesado por Félix Suárez y su Mordedura del caimán (1984) y por Alberto Chimal y su Luna y 37 millones de libras (1990). Ambos libros, a mi juicio, los mejores que han escrito ambos autores hasta la fecha.

Luego, en 2010, mientras ayudaba a Eduardo Osorio a seleccionar fragmentos para colocar cintillos en los libros de los becarios del CTE, encontré Sur (1985), y guiado por el dibujo en su portada, creí que se trataba de algún texto sobre campesinos. Pero, después de recorrer algunas páginas, pude darme cuenta de que eran poemas cortos sobre animales y plantas. Pero hasta allí.

Luego, comencé a notar que la presencia del Maestro García Reyes se había vuelto recurrente en casi todos los eventos literarios del Valle de Toluca: en las lecturas del CTE, en las presentaciones de TunAstral, en los homenajes celebrados en la “Casa de las diligencias” de la UAEMex, en el extinto “Huacal de letras” de Metepec.

Precisamente, fue en ese foro la última vez que lo vi: en la presentación de Jorge Arzate Salgado y su recopilación de poemas editada por el FOEM. En aquella presentación, el Maestro García Reyes le comentó al otro bate: “No sabía que tú también tomas al mar como un tema en tu poesía. Yo también lo hago. Quizás no tan bien como tú.” Al escuchar dicho comentario, me intrigué. Hay pocos escritores toluqueños que abordan el mar (precisamente, porque queda geográficamente lejos). ¿Por qué el Maestro García Reyes lo hacía? Ahora sé que la dupla mar / tierra firme constituye un elemento central en su poesía:

La tierra se duerme
En su cuerpo de piedra
A tu contagio de vieja marinera
Porque viniste por el mar
Aún hay algo nuestro en ti
De nuestros sueños

Cuando Juan Luis Nutte me invitó a participar en el homenaje al Maestro García Reyes, acepté sin dudarlo. Tenía curiosidad respecto a su obra, pero también tenía una deuda moral con su libro primigenio desde aquella vez que el Maestro Osorio me lo recomendó.



Según la Enciclopedia de la literatura en México, Luis Antonio García Reyes nació en Huixquilucan en 1945, cursó estudios en Antropología y Lingüística en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), es miembro fundador de los grupos Al yunque y TunAstral así como Presidente de la Unión de Escritores Mexiquenses (UEM). Pertenece a la segunda generación de becarios del Centro Toluqueño de Escritores gracias a Sur (CTE, 1985), compendio de poemas breves que abordan su experiencia en los municipios ubicados al Sur del Estado de México: Malinalco, Tonatico, Texcaltitlán, Sultepec. Aunque Tejupilco quede un poco más al Oeste junto con Amatepec y Tlatlaya. Poemas que han sido presentados como muestra de “autenticidad temática, naturalidad rítmica… imágenes coloridas [al mismo tiempo que] nostálgicas”. (Álvarez Caballero, 2017)

En lo personal, algunos de esos poemas me hacen recordar los poemínimos de Francisco Paniagua Gurría en Cambio de luces (1984): existe el Sur, el campo, la provincia; pero también la ciudad, también de provincia, que irremediablemente nos remite a Toluca.

Desde mi perspectiva, “Por el camino”, la tercer parte del libro, se convierte en poetry road: la experiencia que vive el poeta en su viaje: poemas que parecen haikus en temática y estilo:

con el polvo
el camino se nos pierde
[...]
sólo el abismo
nos detiene

Flora y fauna conforman las imágenes del poema y, a los ojos de los no iniciados, sorprenden sus denominaciones de origen: cacaloxóchitl (cuervo en flor), güisache (acacia farnesiana), pinzón (ave de la familia Fringillidae), timbirichi (árbol cuyo nombre deriva del tarasco o purhépecha tumbiriche, de tumbire, “racimo”).

Palabras indígenas en boca de mestizos. Ojos mestizos que descubren la naturaleza que los rodea: girasoles, colorines, campánulas/ árboles, raíces, ramas/ montañas como jovencitas/ la luz del cielo como una niña límpida. Así, el paisaje se revela en toda su majestuosidad, y el poeta tiene que aprender a retratarlo:

Son los cerros
pizarras,
metales,
barro;
a lo lejos
verdor
reverberando
y sólo son:
lejanía,
cerros escalpados.

El poeta anda, y encuentra, también, a los humanos: “Adiós amigu”, le saludan; y así reconoce el tono típico, la modificación dialogal, de aquellas gentes. La misma gente que le invita mezcal y a disfrutar de sus fiestas: tecomateros danzando en el atrio de algún templo, o sobre la plaza cívica. Imágenes que yo, ahora, completo.

No sólo en Sur (1985) sino también en El dogma es la palabra (1962-2011) el poeta se acerca al mundo indígena y lo retrata:

Ahora golpeo conchas de tortuga
Y hay cascabeles que sangran
Para incendiar el ritual
Y claman claman
Hasta el silencio redondo de los espejos
En que te miras niña
Mujer y hermana
Hija del aire en que navego
Hasta ser voz y llamarada

El ritual se hace poema. El ritual de la palabra. Si el motto de TunAstral es "amor es la palabra; poesía la acción". El de la obra de García Reyes sería “el dogma es la palabra; poesía la religión”. Y estamos aquí para compartir el sacramento, no religioso sino poético.

Quiero cerrar mi participación leyendo “Si no sabes leer”, un texto que me pareció sublime, el cual es también una invitación para los neófitos:

Si no sabes leer
Sólo deja
Que las palabras
Lleven a tu oído
Su equipaje de imágenes;
Así no volverás a decir
“No sé leer.”
Y cual amoroso terco,
Cada vez intentaré
Acortar distancia...
Hasta que al fin
Sacudas este árbol...

Entonces harás caer
A tu alma
Voces y palabras
Como sazonadas manzanas
De sol, cualquier tarde.

Gracias.

miércoles, 22 de enero de 2014

"Áspid". Eduardo Osorio.


http://www.uaemex.mx/plin/colmena/Colmena_80/Pliego_de_poesia/Pliego_80.pdf

En 1998, el poeta toluqueño Eduardo Osorio publicó su poemario "Áspid", en el número 19, julio-septiembre, de la revista La Colmena. Hasta ese momento, con apenas algunos meses de conocernos, desconocía por completo que el Maestro también escribía en verso. "Claro que sí", me dijo un tanto sarcástico, "publiqué Bromas para mi padre que, según mis cuates, es de lo mejor que tengo". En ese momento, no podía entender cómo "un libro de bromas" podía ser considerado "poesía". Neófito en el mundo de las letras, preferí guardar silencio. Sólo era un estudiante de Bachillerato que amaba escribir versillos cursis en sus libretas. Apenas, un par de meses atrás, me había matriculado en el Taller de narrativa del Centro Toluqueño de Escritores, a invitación explícita de Osorio, y lentamente, descubría la complejidad de aquello llamado, en verdad, "literatura".

Una tarde, después del Taller, el Maestro me compartió su poemario, mientras degustábamos bebidas calientes en el Café Biarritz:



Casi salto de terror al leer yuxtapuestas (en mi mente) las palabras "serpiente" y "falda". Me gustaban las faldas, sobre todo las de los uniformes de las niñas de secundaria. Odiaba a las serpientes. Les tenía pánico (aún a las no-venenosas). La idea de que una serpiente se deslizara furtiva por debajo de una falda me parecía, a la vez, terrible y delicioso. Tal reacción llamó la atención del Maestro Osorio que me dijo con una mueca parecida a una sonrisa: "¿qué le parece?, Maestro"

No supe qué contestar. Por primera vez, frente a un texto, omití expresar mi opinión (y desnudar mis fobias y mis filias, [que en el inconsciente, se funden, son lo mismo]), y me limité a balbucear para no parecer estúpido: "me parece muy bueno, Maestro", con una sonrisa defensiva.

Años después, recuerdo a ese niño taimado y tímido (que es protagonista de dos o tres de mis textos que han devenido en novelas), y en el espejo que da la adolescencia, me doy cuenta de que he cambiado demasiado, pero aún persiste, en mí, ese gusto íntimo por aquel conjunto de poemas.



"¡Oh! 'Niño' también puede ser adjetivo", pensaba el bachiller que aún no había leído Muerte sin fin de José Gorostiza. "'Saudade' debe ser algún tipo de serpiente", intuía. Ahora, sé que es una palabra portuguesa que hace referencia a la soledad nostálgica propia de la adolescencia.




Pensé en mi madre: compañera de oficina del Maestro Osorio, en aquellos años, en el CIEAP: Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población, de la UAEMex.



Y si Osorio fuera como esos poetas improvisados que ganan becas y publican libros insufribles con el dinero de nuestros impuestos, hubiera utilizado ese verso como inicio de varios de sus poemas. "La serpiente, no lo sabes, es tu sombra", lo leí en aquel entonces. De la misma manera, lo sigo leyendo hasta este día.



Y, de repente, justo cuando comenzaba a disfrutar de la musicalidad de cada verso, me hallé frente al primer híbrido literario que leería en mi vida:



¿Qué era eso? ¿Un cuento? ¿Un poema? ¿Una mezcla extraña de ambos? Me desconcerté por completo. La temática me era familiar: la historia de una niña que "deja de ser vírgen" por montar en bicicleta (al golpearse la zona genital con el asiento). Pero, ¿cómo era posible que un texto narrativo apareciera, de pronto, en un poemario? ¿Era correcto mezclar y confundir los géneros? De pronto, me daba cuenta que la obra del Maestro Osorio se convertía en algo sumamente experimental. (Y ese estilo me gustaba.)

Años después, cuando me tocó publicar (a mí) en La Colmena, lo hice con un texto (poético) que, hasta el día de hoy, algunos lectores creen que es "un cuento": "El viaje del Eros al Logos". Sin duda, al recordar mi primera lectura de "Áspid", ubico perfectamente, las influencias que el Maestro Osorio dejó en mí.

Celebro la re-edición de aquel poemario en el actual número 80, octubre-diciembre de 2013, de la revista La Colmena. Pero celebro, aún más, que la UAEMex halla logrado compartir (vía impresa, vía web) el trabajo poético de uno de mis Maestros más queridos.


Saludos.