domingo, 20 de noviembre de 2016

El Kaikan y la privatización de la cultura japonesa =/



El Kaikan (Asociación México Japonesa A.C.) es un club de japoneses (e hijos de japoneses) residentes en México, fundado en 1956, que desde finales de la década de 1990, celebra en sus instalaciones dos festivales por año: el "Kodomo no hi" (dedicado a los niños) y el "Aki matsuri" (dedicado a los ancianos).



Desde su inicio, ambas celebraciones se promovieron, tanto por los organizadores como por los mass media, como "actividades culturales". Pero, con el paso de los años, ambos eventos terminaron por convertirse en bazares gastronómicos en los que la mercancía y la comida de origen japonés se ofrecía junto con productos provenientes de Korea, México y China.



Hasta hace tiempo, lo que salvaba a ambos festivales eran los grupos artísticos que se presentaban en los escenarios del Kaikan, así como las exposiciones que se montaban en su casa de cultura. Pero, con el paso de los años, el programa artístico fue perdiendo calidad; y los mexicanos, terminaron por acaparar los espacios con sus actividades.



Ahora, tras haber cumplido 60 años de su fundación, el Kaikan (y su mesa directiva) han presentado el "Festival Japón 2016", un pálido intento por retornar la verdadera cultura japonesa a los espacios que le corresponden. Sin embargo, la sorpresa negativa detrás de este festival ha sido que la mayor parte de sus actividades tienen costo:


100 pesos (5 dólares) por participar en una ceremonia de té.


200 pesos (10 dólares) por apreciar una demostración de espadas.


100 pesos (5 dólares) por apreciar una exhibición de ikebana.

Lo más chocante de esta situación fue que el "Festival Japón 2016" va a celebrarse en el Centro Nacional de las Artes, un espacio público, que recibe financiamiento público, pero que se presta a la usura privada.



La respuesta que el CENART dio, a través de redes sociales, no tiene sustento alguno. Fundación Japón en México no cobra por sus servicios ni por sus actividades, y por el contrario, ofrece financiamiento a mexicanos a través de distintos programas.


http://www.asociacionmexicojaponesa.mx/index.php/membresia

Quienes sí cobran por sus servicios (y hasta por el estacionamiento) son los administradores del Kaikan (y su mesa directiva), y son ellos quienes deben de dar una explicación sobre los costos de su "Festival Japón 2016". No está de más recordarles que como Asociación Civil, no pueden realizar actividades de lucro en México.


Saludos.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Adiós a Jean-Jacques Perrey ❤



El día de hoy, Jean-Jacques Perrey, músico y compositor francés, considerado como uno de los pioneros de la música electrónica, falleció a los 87 años de edad.



Algunos medios dieron la noticia presentando a Perrey como "el compositor de la música de 'El Chavo del 8'", lo cual, tal como afirma El Universal es parcialmente cierto:
"Chespirito" usó el tema de Perrey, "The Elephant Never Forgets", para la apertura del programa "El Chavo del 8". [Pero nunca le dio crédito, de manera pública, por ello.]

En el año 2009, Jean-Jacques Perrey demandó, en los Estados Unidos, a Televisa por utilizar sin autorización (y sin pagar regalías) su música tanto en "El Chavo del 8" como en "El Chapulín colorado".







Asimismo, una versión de "Baroque hoedown" ha sido utilizada por Disney para ambientar su "Electrical parade":



De igual manera, los creadores de The Simpsons tomaron "Computers in love" para ambientar uno de sus famosos "couch gags" en la vigésimo séptima temporada de su show:





E incluso, los creadores de Futurama se inspiraron en "E.V.A." para el intro de su caricatura:



Para aquellos que nacimos a finales del siglo XX, la música de Jean-Jacques Perrey ha estado entre nosotros, prácticamente, a lo largo de todas nuestras vidas (sólo que no nos habíamos dado cuenta).





Desde Sesame Street hasta South Park, música para soñar e imaginar.

Dios lo bendiga, Maestro.


Saludos.

jueves, 3 de noviembre de 2016

"Azul como su nombre" Antonio Salinas



Publicado por Jesús Bartolo Bello López, con diseño de Eduardo Osorio, Azul como su nombre es el primer libro de poesía de Antonio Salinas, nacido en 1977 en Acapulco. Gracias al Centro Toluqueño de Escritores, pude acceder (por fin) a este libro publicado en 2006 por La trucha güevona.

De inmediato, el mar: ese testigo. Pero no un mar cualquiera, sino ese: el de la bahía donde fueron arrasados los carrizos. No sólo el mar; también, la arena; y el calor, y el sopor, pero la brisa. Antonio se convierte en un marino (o más bien, en un náufrago) que encalla en el cuerpo de una mujer por cinco días, y desde ahí, descubre la poesía:

A los pies del verano
junio nos junta,
y los gritos [del amor] atrapan todo.
Como red en el agua,
sin tocar arena en ti,
me hundo

Poemas mínimos, discretos, que hacen pensar en una especie de renga. Así, los días pasan tan rápido como los poemas. En el día cinco, el poeta escucha la historia de su amada; y le da voz, en el poema:

-El único barco acurrucado en mi vientre de arena
conoce todo mi puerto,
y me ha descubierto entre las rocas
de una playa sin salida.
A los diecisiete años,
canjear el sudor azul
por el sabor de las palabras.

En este libro, no solo hay amantes varados, también hay sirenas y bañistas en bikini. Pero, también, existe una mirada que va más allá del puerto, y se adentra en la ciudad, sólo para recordarnos la realidad de ese infierno de cemento:

Un bulevard se abriga de tráfico,
árboles con sed doblan las aceras
y las únicas flores sobreviven en las ventanas más altas,
y quedan atrás los cuentos de hadas.

Así, al final del libro, se desata la nostalgia: el recuerdo doloroso por el puerto y sus mujeres. Pero, también, aparece el hastío: el disguto por tener que vivir en un lugar poco marino, lleno de personas intrascendentes, donde no se encuentra la poesía.



Actualmente, Antonio Salinas vive de nuevo en Acapulco, donde es difusor cultural, y desde donde ha escrito sobre la narcoviolencia que ha azotado el puerto:

Un hombre fuma y tira las colillas
como cabezas humanas en las aceras,
como un balón de fútbol de un equipo de nimios resultados,
sucede a cuenta gotas
contagiar uno que otro día el sueño con lágrimas. [...]

Dicen los cronistas de la ciudad que el conjunto
contrario tomó la delantera, el saldo:
dos levantones con lesión, un arsenal de disparos,
una madre que llora aún frente a un cauce de luz que se apaga,
y otros más trasladados en ambulancia.
Dos horas palpándome lo acalambrado
quitándome lo saudade, lo oscuro de los de casa.
Dos horas tirando piedras al mar de mi infancia
mientras chillan lentas sirenas ruidosas.

(De "Al filo de la navaja")

El poeta sufre, ahora, no por la nostalgia; sino por el impacto de la narcoviolencia en su vida cotidiana. Sin embargo, se niega a desfallecer:

sin temor a equivocarme cuando acabe de escribir estas líneas ni tan líneas porque la vida a cado rato se interrumpe, iré a tomar un trago. regresar y sabe dios qué pase después. estoy vivo porque mi ánimo lo dice o porque de plano mi pensamiento es necio como el alba.

(De "Sitiado")

Lejos, y atrás, quedan los poemas sobre el mar. Lejos, y atrás, las bañistas de Acapulco. La angustia se cierne sobre el poeta, y a su vez, en sus poemas.

En agosto de este año, Antonio Salinas ganó el Premio de poesía "Efraín Huerta" por su libro La canción de los ahogados, desde el cual extraigo este pedazo de poema:

Encuentran a dos pescadores
después de siete noches de zarpar.

Salieron de playa Manzanillo,
uno de ellos murió a los cuatro días
luego de que una ola volteara
la lancha en altamar.

Ambos se abrazaron a una hielera;
comían pájaros, tortugas,
tomaban agua de las raíces
de las plantas y de la lluvia
que se encontraron en el naufragio.

Quien sobrevivió ––deliraba––,
dijo llamarse Andrés y vivir en el 421
de la avenida Adolfo López Mateos
––casa de Johnny Weissmüller––,
y tener amigos en Hollywood.

Vestía bermuda roja y camisa a cuadros.

Entre los hombros (quemados por los rayos del sol),
el tatuaje de un pez cocinero.

Poesía desde Acapulco, Guerrero.


Saludos.