viernes, 15 de enero de 2016

"Homenaje: En memoria de Guillermo Fernández"



Un poema de Sergio Eduardo Cruz, publicado en Círculo de poesía, que hace referencia al homicidio del poeta Guillermo Fernández (1932-2012), asesinado el 31 de marzo de 2012, en la ciudad de Toluca:


1.

Como si nada hubiera pasado

luces de camión en la avenida, hogares

prefabricados de concreto tiemblan en su estructura

y aviones elevan su oración de pasajeros en el techo.

Debajo de todo, el poeta muere cuantas muertes

se ocultan en el asfalto que nos recorre.



Cada día más cerca,

el dios urbano de los hostiles

maldice contra su piel henchida las ventanas

que perdieron tiempo, risas crujiendo en el verano,

formas de otras formas que no se manifiestan

y cose mortajas para las niñas que todavía

esperan levantar sus manos sin que otros las amenacen.

Es marzo y el mundo se acaba.

Es marzo y las niñas desaparecen.



No dejemos la memoria congelarse.



2.

¿Quién dejó crecer esta violencia? No sé.

No fue así. Así no era. No tiene que ser: el poeta

asesinado debe reencarnar en otro poeta, la niña muerta

en el brazo de su nueva madre. El que mata a otro

no sabe que, de alguna manera, se mata a sí mismo

en otra tierra. No sabe. Hay que enseñarle cómo

se sufre afuera de su piel, cómo los otros tratamos

de deglutir nuestra miseria. Como todo, como vino,

como la vida que nunca se disgrega,

¿Quién dejó crecer esta violencia?



3.

Que los huesos no se cansen de gritar

la tensión de nervios en el cuello

y falanges enlutadas ahora estiren:

Guillermo Fernández está muerto.



Que se aúllen los ritmos del crimen,

que la voz no se hunda en nuestras manos:

tendrán que ver los cuerpos en los ríos

que el padecer insostenible no fue en vano.



Mataron a una alumna en noviembre

después de cobrar fianza, y la encontraron

sus padres en un campo, descuartizada.

Hay tantos como Guillermo que mataron:

angustia

de que la muerte del poeta no se vea

en cada sueño que regrese a nuestros muertos,

de que el discurso por el aire sólo arranque

con retórica los gritos fragmentarios

de una lágrima, una voz, un sólo llanto

y los queme lentamente en el silencio

como si nada,

nunca,

hubiera pasado.


Saludos.

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