martes, 26 de enero de 2016

#LetrasGuerreras: Ulber Sánchez Ascencio



Nacido en Tepetixtla, municipio de Coyuca de Benítez, avecindado en Chilpancingo y entusiasta del Bar "Las Coronitas", Ulber Sánchez se convirtió en el segundo escritor guerrerense al que he podido conocer y acceder a su obra.

Apasionado, nostálgico, en el año 2003, Ulber fue ganador del Premio de poesía "María Luisa Ocampo" con el poemario titulado Los barcos dejan sus pensamientos mientras el puerto se ancla en su agonía:

Permanece el puerto.
El horizonte se extingue,
angustia de pájaros en desbandada

Más allá del faro,
el mar se hincha al movimiento de palmeras,
el mar golpea los sufragios de la noche.

Intimista, el poeta invita al lector a hacerse cómplice en sus reticencias:

La memoria escurre a la orilla del mar.
La luna se tiende en los andamios de un viento apasible.
Permanecen,
como los marinos al zarpar,
recuerdos de la infancia.

[Fin del poema.]

Despedirse en el puerto, despedirse de la amada, sentir el dolor de la separación, separarse de uno mismo:

En el puerto nadie se conoce.
Mientras allá, cerca del mar,
la esperanza se aleja
con los remordimientos.

[...]

Después del adiós,
el rostro camaleónico
de este puerto anclado como fantasma a la deriva.

Amante del mar y sus especies, Ulber publicó, en 2010, Días como esas tortugas que van al mar, de cuyo libro se recupera "El mar se ancla como piedra en la noche":

Abandonan los barcos esta calma,
un vuelo de pájaros la tristeza desanudan.

El puerto de Zaira permanece en la espera.
Viento apacible,
dispersa sus odios en la penumbra del olvido.

Permanece el mar también.
Juega a despedirse más allá del ojo.
Se contempla en su camaleónica figura.

Transmutaciones y cambios de figura tiene el mar, frente a los ojos del alma que lo miran. Pero, esta vez, el mar está aún más triste:

La tristeza se refleja en una vieja canción.
Se cuela por el viento de palmeras.
La tristeza es la intención al suicidio.

Licenciado en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Guerrero, Ulber publicó, en 2012, Bajo el signo del cardo en la Tinta de Alcatraz, sello editorial creado por el célebre Héctor Súmano Magadán. Allí, encontramos, por primera vez, la violencia que asola el puerto:

La violencia se atesta en la ciudad
como la esperanza de una melodía triste.
Extrañamente triste.

Vuelven las noticias como palomas mensajeras.

Cada hecho se atestigua en masacres sin piedad.
La sangre fluye por las calles,
el odio mora en cada esquina.

Y la violencia da a Ulber un nuevo tono, una fuerza implacable, que lo lleva del puerto hasta las calles, dentro de las colonias populares de Acapulco:

Ajusticiamos al desamparo,
a la infancia que ladra desde el estómago,
al cuerpo baleado a las tres de la mañana,
el frío que juega las bromas de la muerte,
el rumor de los cantos.

Esto de matar mujeres es común en la ciudad,
la idea es erradicar el odio de las calles.

Pero no todo es nostalgia y violencia. Hace poco, Ulber publicó en su FaceBook una muestra de lo que otros escritores y yo hemos llamado "Literatura Pop":

Poema conversacional con Dulce María

-Las lágrimas no son simples gotas de agua, dices.
-No, son un imán, esa voluntad del agua, te digo.
-vienen del alma, recalcas, mientras yo, ignoro el color del cielo,
-del dolor que siente tu alma y tu corazón
Cuando tu amor se cansa de luchar
Cuando uno llora por dentro y hace un dolor inmenso
Que sale por un reflejo y por los ojos que son
El reflejo de tu alma, aseguras, y cae una gota transparente de tus ojos.
-El amor, te digo, es un perro infernal, un concepto avalado por
Las instituciones bancarias, ironía pues, no hagas caso,
La poesía, digo divagando, es hipócrita, carece de tus lágrimas,
poesía eres tú.
-Pero puedo ver labios de colores que brillan entre nubes,
Y asi desde aquí yo pienso en ti,
Y me haces volver a creer. Dices y te desvistes.
-Voy por cigarros, te digo, mientras en mi mente pienso
En la libertad de tu cuerpo.
Entonces apago la luz y en la radio suena una canción de RBD.

Hermoso.

Quiero escribir como él.


Saludos.

viernes, 15 de enero de 2016

"Homenaje: En memoria de Guillermo Fernández"



Un poema de Sergio Eduardo Cruz, publicado en Círculo de poesía, que hace referencia al homicidio del poeta Guillermo Fernández (1932-2012), asesinado el 31 de marzo de 2012, en la ciudad de Toluca:


1.

Como si nada hubiera pasado

luces de camión en la avenida, hogares

prefabricados de concreto tiemblan en su estructura

y aviones elevan su oración de pasajeros en el techo.

Debajo de todo, el poeta muere cuantas muertes

se ocultan en el asfalto que nos recorre.



Cada día más cerca,

el dios urbano de los hostiles

maldice contra su piel henchida las ventanas

que perdieron tiempo, risas crujiendo en el verano,

formas de otras formas que no se manifiestan

y cose mortajas para las niñas que todavía

esperan levantar sus manos sin que otros las amenacen.

Es marzo y el mundo se acaba.

Es marzo y las niñas desaparecen.



No dejemos la memoria congelarse.



2.

¿Quién dejó crecer esta violencia? No sé.

No fue así. Así no era. No tiene que ser: el poeta

asesinado debe reencarnar en otro poeta, la niña muerta

en el brazo de su nueva madre. El que mata a otro

no sabe que, de alguna manera, se mata a sí mismo

en otra tierra. No sabe. Hay que enseñarle cómo

se sufre afuera de su piel, cómo los otros tratamos

de deglutir nuestra miseria. Como todo, como vino,

como la vida que nunca se disgrega,

¿Quién dejó crecer esta violencia?



3.

Que los huesos no se cansen de gritar

la tensión de nervios en el cuello

y falanges enlutadas ahora estiren:

Guillermo Fernández está muerto.



Que se aúllen los ritmos del crimen,

que la voz no se hunda en nuestras manos:

tendrán que ver los cuerpos en los ríos

que el padecer insostenible no fue en vano.



Mataron a una alumna en noviembre

después de cobrar fianza, y la encontraron

sus padres en un campo, descuartizada.

Hay tantos como Guillermo que mataron:

angustia

de que la muerte del poeta no se vea

en cada sueño que regrese a nuestros muertos,

de que el discurso por el aire sólo arranque

con retórica los gritos fragmentarios

de una lágrima, una voz, un sólo llanto

y los queme lentamente en el silencio

como si nada,

nunca,

hubiera pasado.


Saludos.