jueves, 14 de agosto de 2014

"Fukushima". Daniela Camacho.



"Bajo los cables de alta tensión y las centrales nucleares, la pobre vida del hombre." Con esa cita de la sueca Birgitta Trotzig, la poeta mexicana Daniela Camacho (1980, Culiacán, Sinaloa) empieza un poema que más bien, parece diario:

genpatsu-shinsai. hablamos la lengua del desastre: temblor de tierra. fusión nuclear. el enemigo permanece invisible.

alondras particularmente oscuras, casi descompuestas, como nacidas del sueño de un hombre ya contaminado, agitan sus temperamentos sobre la fosa común.

fisión de uranio enriquecido, ¿era necesaria la luz?
cesio, plutonio, yodo radioactivo. ¿eres un héroe? ¿un samurái?

alguien dice:

al interior de las estrellas, la fusión detiene su colapso gravitatorio. en la corteza terrestre, los hombres moriremos con el cuerpo desorbitado.

escucha, madre, han empezado a mutar las mariposas. se están deformando sus ojos. heredan malformaciones en antenas y patas. sus instrumentos de vuelo son cada día más frágiles.

las reses se alimentan de pasto envenenado. los perros morirán de soledad o de hambre.

hay alguien oscureciendo este peligro.

cuando creímos que el terror debía ser abolido, nos asaltó la duda. ¿y si el miedo fuera un regalo de la lucidez? ¿un líquido fosforescente para regar las azucenas? ¿flecha o alcohol que amotinara a nuestras bestias?

entonces cavaríamos con manos propias para enterrar nuestras córneas. todo con la gravedad de la última nevada.

entonces irrumpir en la zona prohibida por no saber cómo abandonar una osamenta. hay alguien oscureciendo este peligro. nos llevamos a la boca truchas de montaña, berenjenas, becquereles de cesio radioactivo.

a esta hora, madre, los desplazados están sufriendo problemas mentales. y en sus pesadillas:

ningún tren volverá a detenerse en la estación de ōkuma.

Sumamente interesante como la autora, que radicó temporalmente en Japón entre los años 2010 y 2011, plantea la idea del envenenamiento por alimentos radioactivos. Triste que, desde el gobierno del fascista Shinzo Abe, se mienta a la población diciendo que los alimentos provenientes de Fukushima son "seguros".


http://www.japantimes.co.jp/news/2013/10/19/national/abe-tries-to-dispel-rumors-about-fukushima-seafood/

Por supuesto, los alimentos son "seguros" porque no rebasan los límites de radioactividad establecidos por el propio gobierno japonés. Sin embargo, tal como puede apreciarse en la gráfica, Japón tiene límites de toleracia a la radioactividad que rebasan las normas internacionales.



¿Hasta cuándo el pueblo japonés soportará tantas mentiras?


Saludos.

domingo, 10 de agosto de 2014

Roberto Bolaño sobre "el intelectual mexicano"


http://www.facebook.com/MemeLiterario/photos/a.252629268199698.60302.252598331536125/440553966073893/

Desde "La parte de los críticos", primer libro de su novela 2666 (2004):
La relación con el poder de los intelectuales mexicanos viene de lejos. No digo que todos sean así. Hay excepciones notables. Tampoco digo que los que se entregan lo hagan de mala fe. Ni siquiera que esa entrega sea una entrega en toda regla. Digamos que solo es un empleo. Pero es un empleo con el Estado. En Europa los intelectuales trabajan en editoriales o en la prensa o los mantienen sus mujeres o sus padres tienen buena posición y les dan una mensualidad o son obreros y delincuentes y viven honestamente de sus trabajos. En México, y puede que el ejemplo sea extensible a toda Latinoamérica, salvo Argentina, los intelectuales trabajan para el Estado. Esto era así con el PRI y sigue siendo así con el PAN. El intelectual, por su parte, puede ser un fervoroso defensor del Estado o un crítico del Estado. Al Estado no le importa. El Estado lo alimenta y lo observa en silencio. Con su enorme cohorte de escritores más bien inútiles, el Estado hace algo. ¿Qué? Exorcisa demonios, cambia o al menos intenta influir en el tiempo mexicano. Añade capas de cal a un hoyo que nadie sabe si existe o no existe. Por supuesto, esto no es siempre así. Un intelectual puede trabajar en la universidad o, mejor, irse a trabajar a una universidad norteamericana, cuyos departamentos de literatura son tan malos como los de las universidades mexicanas, pero esto no lo pone a salvo de recibir una llamada telefónica a altas horas de la noche y que alguien que habla en nombre del Estado le ofrezca un trabajo mejor, un empleo mejor remunerado, algo que el intelectual cree que se merece, y los intelectuales siempre creen que se merecen algo más. Esta mecánica, de alguna manera, desoreja a los escritores mexicanos. Los vuelve locos. Algunos por ejemplo, se ponen a traducir poesía japonesa sin saber japonés y otros, ya de plano, se dedican a la bebida.

De ese tema, ya he escrito, yo también, en La Colmena.


Saludos.

domingo, 3 de agosto de 2014

¡Dios salve a Roberto Fernández Iglesias! ^o^



Privilegiados fueron los tiempos que me tocaron vivir: los tiempos en que el Centro Toluqueño de Escritores funcionaba, promoviendo escribas núbiles; la época en que el Maestro Eduardo Osorio publicó varios libros, y compartía sus hallazgos con los miembros del Taller de Narrativa del CTE; y cuando el Maestro Roberto Fernández Iglesias, fundador de TunAstral, adoctrinaba a cuánta persona interesada en la lectura se acercaba a sus eventos o a sus clases.

Nacido panameño, transculturalizado en New York, radicado en Toluca, Roberto Fernández Iglesias se convirtió en una de mis influencias intelectuales y poéticas más fuertes. Irónico, sádico, erudito, siempre nos recomendaba, a los estudiantes de la Licenciatura en Letras Latinoamericanas de la UAEMex, leer, leer y volver a releer. "Leer no debe convertirse en hábito", ironizaba, frente a la pregunta de una compañera, "leer debe ser una forma de vida para ustedes".

Becario del Centro Toluqueño de Escritores, publicó en 1985, Retrato parcial, el primer libro de su autoría que pude tener en mis manos:

Todos los ojos convergen
de puñaladas
parecen ramas de grito
sobre la palabra
                                 Ese
tronco común
                              en los pies
de
       nuestra
                         herencia

Poesía mágica, casi dadaísta, que sin tener el soporte artístico de su autor, parecería un cadáver exquisito:

Solo he escrito
las
       cosas
                    ya
                            escritas
Pude hacerlo a tiempo
y
   no
        estuve
Me desperté
y estaba muerto
No lo descubrí
                              entonces
Nadie
             lo
                  ha
                        descubierto

Al igual que sucede con Alejandro Jodorowsky, varios de los poetas de mi generación no entienden (no valoran) la poesía de Fernández Iglesias. Al Maestro se le quiere y se le reconoce más por su tarea de difusión cultural (y por su aguda crítica literaria) que por lo que ha escrito en verso.

Pese a todo, el universo poético de Fernández Iglesias es tan grande como su ego:

Mi principal problema
es que pertenezco
y soy pertenecido
Después sufro
porque poseo
y soy poseído

[...]

Ahora comprende
De eso no sé mucho
de lo otro tampoco
ni de aquello
Soy un ignorante
casi total
Me basta con saber
que vivo

[...]

La ignorancia
me da la infinitud
para ser otro dios
sin pretenciones

[...]

Pero no
                señores
no estoy contento
                                en
                             lo
                      más
              mínimo
Todo lo que he hecho
es apenas un ensayo
Todavía
                 debo
                            salvar
                                          al
                                                Universo
Jajajajajoooo

Risa tipo Santaclós. Versería libre. Después de leer Retrato parcial, me conseguí Trastienda (1994), el poema largo que, según palabras del propio Fernández Iglesias, se inspira en la estructura La Tierra baldía de Thomas Stearns Eliot.

Lo amé. Revolución, Cuba, Vietnam, The Beatles, el himno de una generación que se mete a hacer poemas como acto contestatario ante un sistema social muy controlado:

tú y yo metidos a poetas
                                                         a versistas
metidos a estar vivos
                                                metidos a revolucionarios
                                                                                                            metidos

[...]

la revolución es una forma de andar
de andar en la mejor compañía
la mejor compañía de muertos y vivos

[...]

no importa que sea pobre rico o malandrín
no sea poeta
                                  eso es pecado
es masturbarse pecado solitario

Un libro basto cuyos versos comencé a enumerar, pero de los cuales perdí la cuenta al llegar a los espacios en blanco:



Finalmente, a finales del año pasado, pude tener en mis manos Furiosa sustancia (2010), la antología más reciente de Roberto Fernández Iglesias. De ella, y para cerrar este post, recupero un gran poema:

Maniqueísmo

Lo malo no es cristo
      sino los cristianos
lo malo no es Nietzsche
      sino los nietzscheanos
lo malo no es Kant
      sino los kantianos
lo malo no es Marx
      sino los marxistas
lo malo no es el Papa
      sino los papistas
lo malo no es la democracia
      sino los demócratas
lo malo no son las putas
      sino los hijos

¡Dios salve a Roberto Fernández Iglesias! ^o^


Saludos.